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¿Cuál es la diferencia entre una agilidad inteligente y una respuesta descuidada?

julio 21, 2021

La velocidad de la respuesta ha sido siempre crítica en el área de manufactura. Desde las líneas de ensamblado en la época de Henry Ford hasta las herramientas modernas de configuración actuales, la velocidad y la eficiencia han sido prioridad para las empresas de manufactura. El lema “tiempo es dinero” podría ser el grito de la mayoría de las iniciativas en el sector, incluyendo los procesos “lean”, la mejora continua y el cumplimento de las normas ISO. Ahorrar minutos en los ciclos de trabajo es lo más importante. Pero ¿a qué costo?

La tecnología digital ha puesto a la agilidad en el candelero. La capacidad para reaccionar a la volatilidad en el mercado resulta crítica. Sin embargo, responder a los cambios no es suficiente. Las empresas deben también anticiparse a las futuras tendencias y luchar para predecir las necesidades de los clientes para prepararse y adaptarse adecuadamente. La tecnología moderna apoya esta estrategia, pero el apuro continuo del cambio sin control puede parecer a un perro corriendo su propia cola. La estrategia no puede ignorarse porque si los objetivos no son claros, la velocidad en los cambios resulta caótica. A medida que las empresas embarcan en el recorrido digital, es el momento de parar y considerar la búsqueda de la velocidad y ponerlo en perspectiva.

Una Pausa para Considerar

Toda persona mayor recuerda la época en el sector de manufactura de aprendizajes y capacitaciones, en las que no existían los manuales, ni los flujos de trabajo automatizados. Siempre había un gran reloj en la pared y un supervisor con un clip con papeles. A veces iba algún experto en eficiencia, con estudios nuevos, análisis de tareas y eliminaba los recreos de los trabajadores.

Era raro que la planta de manufactura no tuviese posters motivacionales en la cafetería o carteles en la entrada recordando a los trabajadores el valor de la seguridad, calidad y la eficiencia. Rara vez un cartel decía “Haz feliz al cliente”, o “la Innovación comienza acá”, porque la velocidad siempre era lo primordial.

A pesar de todo, era una época muy lenta si la comparábamos con la actualidad. La tecnología ha redefinido las respuestas oportunas, las expectativas de tiempo en completar las tareas y lo que constituye un dia de trabajo altamente productivo. Aun las empresas de comercio B2B son mucho más rápidas. Los teléfonos inteligentes, tabletas y apps nos gratifican instantemente cuando apretamos “comprar” y sabemos exactamente cuando y donde nos harán la entrega. Pero, ¿pueden los ingenieros especificar dimensiones customizados para los equipos industriales, como los generadores, y esperar entregas en 24 horas? ¿Queremos que los equipos críticos, como dispositivos médicos o equipo de minería, sean tan rápidos con los tests y las inspecciones? Quizás no. Hay cosas que no deben apurarse.

Riesgos del exceso de énfasis en velocidad

Pero también existen inconvenientes si solo se enfoca en la velocidad. Sabemos que la velocidad sin los cuidados necesarios o parámetros de control puede ser peligrosa. Dar a los clientes todo lo que piden, puede destruir los márgenes. En un punto, la aceleración supera al ROI, costando más la hora extra para realizar la entrega que las ganancias por la venta adicional. Alguien en la organización debe conocer cuál es el punto de ganancias para asegurarse que los esfuerzos realizados para acelerar procesos sigan siendo rentables, produzcan mayores ventas y mayor rentabilidad.

Actualmente, utilizamos el término “agilidad” para considerar los cambios hacia nuevos mercados, ajustando la cadena de suministro conforme a los cambios en el tiempo y anticipando las necesidades de los clientes. No significa correr a toda velocidad. No es saltar a ciegas en cada cambio. Esa es la diferencia entre un caballo de carrera que corre a toda máquina al salir y el que corre a un ritmo rápido y acelera en la última etapa de la carrera para ganar.

Ingresar en un nuevo mercado o invertir rápidamente en una linea de producto de moda solo para ser el primero es riesgoso si no se piensa lo suficiente para considerar si es la movida correcta. Las herramientas tecnológicas que genera datos y predicen tendencias pueden ayudar a simplificar las decisiones, pero no eliminan la necesidad de que los ejecutivos establezcan las prioridades y determinen donde focalizarse. La disciplina para no seguir cualquier oportunidad es esencial en una ambiente como el actual que está lleno de nuevas ideas. No todas las ideas y atajos significan mayor rentabilidad.

¿Cuál es la aceleración correcta?

Las empresas frecuentemente toman decisiones rápidas que son en gran parte preguntas automatizadas y complejas simplificadas en opciones “si” o “no”. El desafío es saber cuando confiar en la automatización y cuando escala a un humano para una intervención personalizadas. Muchas tecnologías han desarrollado herramientas para saber cuándo las respuestas rápidas están erradas. Por ejemplo, las soluciones de cotización de configuración de precios (CPQ) también tienen sus limitaciones de manera que el usuario no se exceda con los parámetros de seguridad o de ingeniería.

Todas las empresas de manufactura deben encontrar su equilibrio en cuanto a agilidad, aceleración, automatización y limitaciones para formar sus propias actitudes de adversidad y prioridades de crecimiento. Lo principal es que se debe apretar el acelerador para seguir el ritmo de la demanda del mercado, pero sin abandonar el sentido común en lo que respecta a los atajos. Contar con una estrategia es siempre esencial, aun si significa hacer una pausa en el torbellino de actividades.

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