Deep learning puede considerarse un subconjunto de machine learning, pero con un enfoque distinto sobre cómo se lleva a cabo el aprendizaje. Los sistemas tradicionales de ML dependen de algoritmos que aprenden a partir de datos utilizando características seleccionadas manualmente. Se pueden introducir entradas específicas, como especificaciones de productos o datos logísticos. Luego, el modelo utiliza uno o varios algoritmos para encontrar patrones y hacer predicciones. Este método funciona bien cuando los datos están estructurados y son claros.
Por el contrario, los modelos de deep learning aprenden directamente a partir de datos sin procesar. Durante el entrenamiento, en lugar de depender de entradas predefinidas, utilizan redes neuronales multicapa para extraer automáticamente las características más relevantes. Estas redes se ajustan con el tiempo, identificando patrones que podrían ser demasiado sutiles o complejos para que un ser humano los defina.
Por ello, el deep learning es especialmente potente al trabajar con grandes volúmenes de datos no estructurados, como imágenes o audio. Impulsa tecnologías como la visión artificial o el procesamiento avanzado del lenguaje natural sin necesidad de diseñar manualmente cada característica.
En la práctica, el ML tradicional suele ser la mejor opción cuando el problema es lineal, bien comprendido y la transparencia es importante. El deep learning es más adecuado cuando los datos son demasiado complejos para el análisis manual y la tarea requiere flexibilidad, matices y escalabilidad. Dicho esto, en los sistemas empresariales actuales conectados a la nube, ambos enfoques suelen utilizarse de forma conjunta. Los modelos de ML gestionan información estructurada, mientras que el deep learning impulsa experiencias más ricas y adaptativas.