5 consejos para empezar con la IA en la distribución
Por supuesto, es importante identificar las soluciones específicas impulsadas por IA que necesita para competir y crecer. Pero el mejor punto de partida suele ser auditar sus flujos de trabajo y operaciones actuales para identificar dónde puede generar la IA los mayores beneficios y qué procesos pueden beneficiarse de forma más cuantificable de las tecnologías inteligentes actuales.
- Identificar dónde se ralentiza el trabajo
Muchos problemas se esconden en los flujos de trabajo diarios, como aprobaciones lentas, discrepancias en el inventario, correcciones repetitivas o escalaciones del servicio de atención al cliente. Identificar dónde se ralentiza el trabajo de forma recurrente le ayudará a elegir mejores puntos de partida para las iniciativas de IA.
- Priorizar la usabilidad operativa
Es más probable que los equipos operativos confíen en las herramientas de IA que se integran de forma natural en los flujos de trabajo existentes. La adopción es mayor cuando las capacidades de IA están diseñadas para reflejar las particularidades de su industria y se integran directamente en los sistemas que sus equipos ya utilizan a diario.
- Centrarse en los flujos de trabajo, no en herramientas aisladas
Las herramientas de IA independientes pueden crear nuevos silos en lugar de eliminar los existentes. Muchos distribuidores obtienen mejores resultados a largo plazo cuando la IA se integra en sistemas empresariales conectados a la nube, donde la información, los procesos y los equipos ya trabajan en conjunto.
- Buscar resultados operativos cuantificables
Los proyectos de IA suelen perder impulso cuando los objetivos son demasiado amplios. El valor más tangible suele obtenerse cuando las iniciativas se centran en mejoras específicas, como reducir los retrasos en el cumplimiento, mejorar la precisión del inventario o agilizar el trabajo administrativo.
- Tratar la IA como una capacidad operativa en evolución
La adopción de la IA funciona mejor cuando las empresas la consideran una capacidad operativa continua en lugar de un proyecto único. A menudo es útil comenzar con un caso de uso operativo específico y ampliarlo gradualmente a medida que los resultados y la madurez operativa mejoran con el tiempo.